El blog de BETA

¿Literatura rumana en lengua española?

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Cuando decidí poner en marcha el proyecto (que luego desembocaría en una beca de doctorado) sobre el exilio intelectual rumano en España, no tenía ni idea de que los primeros problemas en torno a la cuestión estarían más vinculados al cotilleo que a la investigación. Es decir, que lo primero que constaté fue que los diferentes entrevistados terminaban preguntándome a mí, precisamente, cómo se me había ocurrido estudiar cosas de este tipo. No tenía y no tengo origen rumano ni español, ni en absoluto reivindico posturas políticas de tipo “nostálgico”, como en Italia llamamos cualquier añoranza de la época fascista. No tenía, en fin, una razón aparente para estudiar un tema tan específico. Me daría cuenta, meses más tarde, de que los pocos recursos biográficos entonces existentes llevaban firmas de gente que sí era rumana, bien de origen o bien nacida en el exilio.

Quizá era yo muy joven y apasionado, no me daba cuenta aún de que en la base de cualquier investigación hay razones algo ocultas que mucho tienen que ver con nosotros, aunque no siempre estemos dispuestos a abarcar una categoría ontólogica del hombre, una condición de pérdida de algo (un lugar, un ser amado, una atmósfera) que hará imprescindible una búsqueda perpetua de ese origen. Yo buscaba, ahora puedo confesarlo, mi propio origen. Perdonad el énfasis del comienzo, ahora voy en serio.

Para estudiar la literatura de la diáspora, cualquiera que fuese su lugar y forma de expresión, hay que establecer con qué corpus se quiere trabajar. Hay casos en que la obra está ahí, tangible, incluso adquirible en librería (Milan Kundera, Mircea Eliade, Ramón Sender), pero se trata de casos muy puntuales. En el caso de la literatura rumana escrita en español no puede ser lo mismo, pues la lengua española a mediados de los años sesenta no tenía el éxito internacional de ahora, ni hablamos de escritores que tuviesen el mismo éxito internacional que los citados. Por eso, en numerosas ocasiones, el corpus completo es difícil de conseguir. Otro dato que dificulta la adquisición de la obra completa de algún que otro escritor es la precariedad misma de las ediciones: muy a menudo se trata tiradas de pocas copias, impresas por editoriales pequeñas, de corte especializado, y ya olvidadas. Cabe añadir que en el caso de la comunidad literaria rumana en España destaca el proceso de olvido a que se sometieron varios nombres relacionados con el mundo franquista tras el cambio político.

Tener todo el corpus es importante para detectar las pautas de un proceso de integración, a la cultura y a la lengua. Pongamos el ejemplo de la figura más destacada del exilio rumano en España: Vintila Horia. El escritor afincado en Collado Villalba (Madrid) hasta su muerte, en 1992, sigue el típico esquema de todo exiliado: negación de la cultura de llegada (prefiere pensar que solo está de paso en España) y mantenimiento del idioma de origen. Arranca con una fase de transición en la que por un lado usa el rumano (para la promoción de la cultura rumana en exilio) pero, por otro, empieza a escribir en castellano (ensayos sobre todo, que le valen la entrada en las filas académicas de la capital), hasta terminar en una fase última, es decir en la plena aceptación del nuevo espacio. El exilio se vuelve permanente, y la lengua ya es solo y únicamente la del lugar de acogida. Vintila Horia pues, escribe tres novelas directamente en castellano. Novelas que hoy son objeto de rescate, siendo un ejemplo preclaro de una literatura que se libera de los lazos impuestos por románticas acepciones de una sola lengua para una sola tierra y que, en cambio, guiña el ojo a la idea, muy de nuestro siglo, de literatura transnacional. Claro está que ningún estudio puede entender plena y exclusivamente el dolor que este proceso lleva. Para estudiar la literatura hay que tener, antes de todo, mucho cuidado en no pensar en el escritor como en una máquina de escribir. La escritura es un proceso interior, y me quiero quedar con esta idea en los trabajos que, por una razón u otra, elijo en mi camino.

No sabemos qué hay detrás, solo podemos leer, apreciar, incluso criticar y despreciar lo que está fuera, lo que se imprime y se hace público. Y en el caso del exilio rumano lo que está fuera habla de una nostalgia constante del propio país, pero de una conciencia de que no se trata de una “vuelta” al origen, ya que, a ese origen, siendo una combinación de espacio y tiempo, o de cronotopo como diría Bajtín, no se puede volver. Los exiliados rumanos en España (Horia, Busuioceanu, Angela Ionescu, Alejandro Cioranescu) anhelan no tanto una vuelta a casa, imposible para casi todos, sino una realización, en otro espacio, de lo que no pueden cumplir en su patria. De ahí que la actividad del grupo sea asombrosa, con una cantidad insospechada de trabajos, ediciones y traducciones.

Escriben sobre todo ensayo, principal vehículo en la lengua del exilio, y gracias a estos trabajos, reconocidos ya entonces como válidos y en algunos casos imprescindibles, consiguen plazas en varias universidades y contactos determinantes con editoriales españolas. En segundo lugar, algunos de ellos desahogan esa necesidad de escribir que llevan dentro. Vintila Horia escribe novelas; Alexandru Busuioceanu, poemas; Angela Ionescu y Antoaneta Jordache, cuentos infantiles. Pero la pregunta es ¿qué tipo de impacto tuvieron sus obras en la literatura española? De hecho, no todos los manuales mencionan su presencia en el panorama hispánico. En algunos casos, sí se cita su actividad relacionada con la escritura, pero no se les recuerda como escritores. Es el caso, por ejemplo, de Horia, quien llevó durante mucho tiempo la ACER, la agencia literaria que luego pertenecería a la famosa Carmen Balcells. Pero hay otros (Soldevila Durante, Cachero…) que sí sitúan a estos escritores en los cánones nacionales. Vintila Horia se hermana con otro grupo “outsider”, los escritores de la llamada “novela metafísica”. Son Manuel García Viño y Antonio Prieto, orgullosos de contar con el escritor rumano, y también Busuioceanu, activo como poeta en los primeros años cincuenta y apreciado por críticos y colegas. Es decir, la integración es efímera, casi marginal, pero está presente.

Existen estudios que están intentando rescatar estas figuras olvidadas de la España de los duros años cincuenta y sesenta. Proceden, como he dicho, casi todos de Rumanía. Me gustaría señalar el estudio pionero de Mónica Nedelcu, El espacio topográfico en cuatro novelas francesas de Vintila Horia; la tesis doctoral de Ofelia de Santos, Contactos entre la literatura española y la literatura rumana en el ámbito de la traducción (defendida en 2013) y Destinos intelectuales en el espacio español: Alexandru Busuioceanu, Vintilă Horia y George Uscătescu, publicado por Raluca Ciortea en 2015. Además, hay que citar numerosos artículos sobre el tema y un fondo creado por la familia Horia en la Biblioteca Nacional de Madrid que recoge todo el material perteneciente al autor rumano afincado en España.

No sé si se puede hablar de literatura rumana escrita en español. Afirmarlo sería volver a entrar en la jaula de lo local, lo adscrito a categorías que hoy, quizás, sean menos rígidas que antes. Sí puedo decir que el fenómeno se mueve por los precipicios del canon, ya que el olvido actual es testigo de que esa literatura está vinculada al tiempo en que se produjo y poco eco puede tener hoy. Esto, claro está, en un nivel un poco superficial de análisis. Si nos adentramos en la literatura del exilio rumano encontraremos, sin duda, elementos que nos proyectan, de un tirón, en el presente. ¿No es esta acaso otra forma desarraigo que vivimos hoy? ¿No estoy yo, ahora, en este momento, escribiendo en otro idioma como si fuera el mío?

Luca Cerullo

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