El proyecto posdoctoral: las claves y los clavos

El tema de las becas de investigación posdoctorales es uno de los más complejos en lo tocante a la inserción de jóvenes doctores en el mercado laboral. Su complejidad se halla justamente en la ambivalencia de la beca posdoctoral que, por un lado, garantiza al investigador dar seguimiento a una labor desarrollada y perfeccionada en la etapa de los estudios de doctorado, pero que a su vez conlleva en muchos casos un nuevo aplazamiento de su pleno ingreso en el sistema universitario.

Es decir, salimos casi siempre agotados de la defensa de la tesis y quizás para la generación de nuestros padres o hermanos mayores la recompensa a tanta inversión en los estudios fuese una merecida y anhelada plaza fija. La beca posdoctoral, en ese sentido, poco responde a nuestras ilusiones: conviene al becario no constiparse porque no tiene derecho a bajas laborales —ya que en la mayoría de los casos no se cotiza a la seguridad social—, ni tampoco a las pagas extras de vacaciones o navidades. Sin embargo, la labor de un becario que ostente el título de doctor poco o nada discrepa, en la práctica, de la de un profesor: en muchos casos, las instituciones exigen al becario compaginar tareas de investigación y docencia, creando distorsiones de la idea de formación avanzada que tenían en su origen las becas posdoctorales.

Ese riesgo de distorsión del sentido formativo de la investigación posdoctoral está en el seno de muchas reivindicaciones y ocupa el eje temático de la militancia de diversas asociaciones de becarios, un poco por todo el mundo, que intentan combatir la confusión entre beca de investigación y precariedad laboral. Algunos gobiernos, en ese contexto, empiezan ya a responder a dichas reivindicaciones (si las repuestas son efectivas o paliativas es ya otro tema). En España, muchas instituciones (las universidades andaluzas, por ejemplo) han sustituido las becas posdoctorales subvencionadas con sus presupuestos internos por contratos temporales de PDI (Personal Docente e Investigador). Aun en el caso de la Península ibérica, el gobierno portugués ha publicado recientemente un decreto ley (número 57/2016, del 29 de agosto) que obliga tanto a las universidades como a su agencia estatal de investigación científica a sustituir gradualmente las becas posdoctorales por contratos temporales de trabajo. Hay que decir que en los dos ejemplos, el español y el portugués, el cambio de beca a contrato para nada conlleva un incremento en la remuneración del profesional recién doctorado, pero sí le garantiza unos mínimos de protección social en su labor investigadora y/o docente.

Si los párrafos anteriores no te hicieron abandonar por completo la idea de postularte a una beca posdoctoral, es que eres un investigador posdoctoral nato e igual mereces saber que hay muchos aspectos positivos en una beca de posdoctorado. La gran mayoría de las becas posdoctorales supone la oportunidad de una investigación independiente, lo que permite al joven profesional profundizar y desarrollar una investigación de carácter autoral e innovador, libre de las presiones inherentes a la escritura de una tesis. Lo que se espera de una investigación posdoctoral nada tiene que ver con las conclusiones globales de un doctorado, sino que más bien con desarrollar un recorrido coherente de conclusiones puntuales: una investigación que camina poco a poco y cuyos resultados se traducen y divulgan a través de artículos científicos, ponencias en encuentros académicos, traducciones y ediciones de tipo teórico, etc.

El alto nivel de competencia (que desgraciadamente deriva de una suma de obstáculos para el ingreso en la carrera universitaria) sumado a la idoneidad y al prestigio de muchas de las instituciones que subvencionan las ayudas a jóvenes doctores ha permitido que el disfrutar de una beca posdoctoral añada un plus al currículum del investigador. Nada más decir que los agraciados con una beca posdoctoral suelen estar un paso por delante en el contexto de un concurso universitario: se supone que un investigador postdoc posee una formación avanzada que le confiere un nivel máximo de especialización en su disciplina, patente sobre todo en su capacidad de desarrollar una investigación con autonomía (en una investigación posdoctoral ya no hay un director, sino un supervisor que se responsabiliza institucionalmente por el investigador, pero que ya no debe intervenir con la misma autoridad que en el caso de una investigación doctoral). Hay que decir, por último, que algunas plazas de profesorado tienen como requisito el haber sido becario posdoctoral (es el caso, en España, de las plazas subvencionadas por las Ayudas Ramón y Cajal).

De esas especificidades de la investigación posdoctoral derivan, también y por lo tanto, las especificidades del proyecto posdoctoral. En muchos casos, el principal equívoco de los jóvenes investigadores en la redacción de sus proyectos tendrá que ver precisamente con no comprender las diferencias sustanciales entre la etapa del posgrado y la posdoctoral. Cosasdebetistas ha hablado con muchos de los socios de BETA, Asociación de Jóvenes Doctores en Hispanismo sobre el tema. Los que disfrutan o han disfrutado de becas posdoctorales nos han transmitido algunas preciadas informaciones sobre las claves del éxito de un proyecto de investigación posdoctoral, las que podemos resumir en cinco puntos fundamentales: (1) la calidad de la redacción (objetividad y síntesis); (2) la claridad respecto a las semejanzas y diferencias entre el proyecto doctoral y el posdoctoral; (3) el equilibrio de fuerzas entre el objeto de estudio y la innovación metodológica; (4) la capacidad del proyecto de dialogar con el contexto institucional en que se desarrollará la investigación; (5) el conocimiento y la capacidad de cambio del «estado de la cuestión». Maticemos, a continuación, estas cinco claves.

1) La calidad de la redacción

Es un aspecto fundamental en cualquier proyecto, por supuesto. El perfecto equilibrio entre el uso correcto de la lengua (una escritura elegante, pero sin caer en un tono ensayístico) y la objetividad del lenguaje, el expresar con claridad el objeto de la investigación, los objetivos (concretos y conceptuales) que se pretenden lograr, la metodología y la bibliografía adecuadas, el conocimiento previo del tema elegido (cuidando no crear la sensación de que ya se tiene todo hecho), etc. son elementos fundamentales para enganchar al evaluador en la lectura del proyecto. La objetividad se revela sobre todo en la capacidad de síntesis del investigador, es decir, saber centrarse en el eje principal de la investigación propuesta, sin rodeos ni lagunas, yendo al grano y permitiendo al lector familiarizarse en pocas palabras con el tema general del proyecto.

El principal equívoco de los investigadores en este aspecto es creerse autosuficiente. Es muy importante compartir el borrador del proyecto con compañeros de nuestra confianza que puedan devolvernos una lectura por pares del trabajo. Cuando estamos metidos dentro de una investigación, difícilmente seremos capaces de visualizar todas las lagunas y erratas de nuestra propia escritura. Hasta Goethe, antes de publicar sus obras, pedía a Schiller que las leyera y tenía además un equipo de calígrafos para «limpiar» sus manuscritos. La competencia en las convocatorias es cada vez más alta y no queda duda: en una situación de desempate entre dos proyectos de igual calidad científica, ganará la beca el proyecto con mejor aspecto de redacción.

Otra sugerencia que os dejamos para lograr un texto que exprese la síntesis perfecta es redactar un primer borrador sin hacer caso a los límites de palabras o caracteres exigidos por la convocatoria. Será más fácil, en un segundo momento, quitar los excesos de un texto largo que exprimir la naranja para llenar un vaso incompleto.

2) La justa distancia entre los proyectos de posgrado y posdoctorado

La relación entre el proyecto posdoctoral y las investigaciones que ya llevamos a cabo en la época doctoral debe ser prudente. Por un lado, una candidatura a una beca posdoctoral supone reafirmar capacidades investigadoras adquiridas durante los años de posgrado. La tesis doctoral, en ese sentido, es nuestra principal seña de identidad, aquello que define nuestro ámbito de trabajo y áreas de investigación, algo que sí hay que tener en cuenta en la etapa posdoctoral. Sin embargo, el posdoctorado, en cuanto etapa de formación avanzada, supone una ampliación ligeramente elástica de nuestra mirada sobre la disciplina en que nos formamos. Un equívoco que a menudo cometemos es creer que el proyecto posdoctoral debe dar continuidad a nuestra tesis doctoral, sanando sus problemas o lagunas. Todo lo contrario, el proyecto será mejor evaluado si da muestras de que somos capaces de manejar las herramientas científicas adquiridas durante el doctorado para afrontar nuevos retos y caminos de investigación.

¿Pero cómo lograrlo? Lo principal será la adecuada elección del objeto de estudio. Si tu tesis doctoral estuvo enfocada en una lectura filológica de los aspectos narrativos de la obra de Cervantes, por ejemplo, un buen despliegue para tu posdoctorado sería mantenerte con Cervantes (al fin y al cabo, te convertiste en un cervantista), pero abordarlo desde perspectivas totalmente distintas: optar por los aspectos poéticos y no por los narrativos, por una metodología comparatista y no filológica, etc. Es importante que esas semejanzas y diferencias respecto a la tesis doctoral estén explícitas en la redacción del proyecto. Este aspecto suele tener mucho impacto en evaluaciones como las realizadas por la FCT (Fundação para a Ciência e a Tecnologia), hoy en día una de las becas más competitivas en el Espacio Europeo de Educación Superior.

3) El objeto y la metodología

Ya se sabe que en cualquier proyecto de investigación la originalidad del estudio es un requisito sine qua non para su éxito. Nuestro principal equívoco en cuanto a la originalidad del estudio es pensar que este aspecto se refiere en exclusiva al objeto del estudio. Sí, es cierto que el objeto de la investigación sigue ocupando un rango importante: hay que cuidar su carácter inédito y su capacidad para contribuir con el avance del estado de la cuestión. Sin embargo, solemos olvidarnos de que la originalidad de un proyecto de investigación tiene que ver en igual medida con la innovación metodológica, así que, pese a la originalidad del objeto, un buen proyecto en humanidades puede resultar desestimado si no añade a la metodología nada más que la tradicional búsqueda/investigación bibliográfica, con sus monótonas consultas a bibliotecas y archivos públicos. En el contexto de las humanidades, la investigación transdisciplinar puede ser un interesante elemento de innovación metodológica: si estudias literatura, incorporar métodos de trabajo de otras disciplinas que se pongan en diálogo con el objeto literario (los estudios antropológicos o sociológicos, las tecnologías digitales, por ejemplo) podrá ayudarte a añadir originalidad a tu método de abordaje del objeto de investigación. Estos aspectos relacionados con la metodología en cuanto eje de originalidad de los estudios humanistas son de especial consideración en las evaluaciones de las Becas Marie Curie, según nos cuentan las fuentes de Cosasdebetistas.

4) El contexto institucional

Grosso modo, hay dos clases de becas posdoctorales: de la primera clase forman parte las becas directamente involucradas con un proyecto colectivo de investigación científica y que necesita un investigador puntero para trabajar en equipo; la segunda son las becas solicitadas directamente a las instituciones que las subvencionan para que la investigación se desarrolle individualmente en una institución de acogida. En ambas se supone que el investigador realiza un sondeo previo del ambiente en el cual desarrollará su labor. La institución de acogida (ya sea un proyecto colectivo, un centro de investigación o una universidad) debe por tanto garantizar que el proyecto propuesto encontrará respaldo institucional para su perfecto desarrollo, con condiciones objetivas (laboratorios, bibliotecas de referencia, etc.) y subjetivas (profesionales habilitados para dialogar e incentivar la investigación) que avalen al 100 % la efectividad de los resultados. Las condiciones de acogida, aunque parezcan una obviedad, deben ser mencionadas en la redacción del proyecto y son importantes en los más diversos contextos. Sin embargo es algo que debe considerarse especialmente si te planteas solicitar una beca a la Fundación Humboldt. Así que es importante que el proyecto propuesto dialogue con las investigaciones ya llevadas a cabo en la institución de destino, que se supone debe ser un referente en tu campo de estudios. Yendo al grano, si te planteas investigar la obra de Pablo Neruda, mejor que te vayas a la Universidad de Chile que a la de Pekín.

5) El estado de la cuestión

Aquí se halla otro requisito fundamental de un proyecto de éxito. Igual que en los demás puntos, el estado de la cuestión exige un equilibrio de fuerzas que justifique la razón de ser de la investigación propuesta, expresando por consiguiente su viabilidad. Es decir, el candidato a la beca debe dejar claro en la redacción del proyecto su pleno conocimiento del tema del estudio, sintetizando el estado de la cuestión previo al proyecto propuesto y añadiendo a su corpus bibliográfico los principales títulos que, a lo largo de los últimos años, han separado las aguas y conformado un antes y un después en lo que se conoce sobre el tema.

Y es aquí donde no podemos temer ponernos presumidos: el conocimiento profundo del estado de la cuestión es también la herramienta de la cual disponemos para matizar las lagunas y fallos que siguen existiendo sobre nuestro objeto de investigación. A partir de este diagnóstico seremos capaces de expresar en nuestro proyecto (en los objetivos, pero también en los aspectos metodológicos) en qué consistirá nuestra contribución particular para alterar el estado de la cuestión. Al fin y al cabo, el avance del estado de la cuestión es lo que verdaderamente justifica la puesta en marcha de un proyecto de investigación posdoctoral, pues en ese paso adelante se halla la contribución de la labor investigadora a la sociedad como un todo.

¿Qué más podríamos añadir a estos cinco puntos fundamentales de un proyecto posdoctoral? Quizás la perseverancia. Muchas veces uno desiste de plantear una beca posdoctoral en el primer intento, cuando suele pasar (y mucho) que un proyecto sea rechazado en una primera vez pero que, tras perfeccionarlo y madurarlo, encuentre acogida en convocatorias futuras. Aprender con los propios errores nos faculta todavía más para el futuro desarrollo de una investigación autónoma.

Claudio Castro Filho

[Claudio Castro Filho es presidente de la Asociación BETA de jóvenes doctores en hispanismo e investigador postdoctoral en Granada y en Coimbra de la Fundação para a Ciência e a Tecnologia]

Becas mencionadas en el texto:

FCT: http://www.fct.pt/apoios/bolsas/concursos/

Marie Curie Fellowship: http://ec.europa.eu/research/mariecurieactions/

Alexander von Humboldt Fellowship: https://www.humboldt-foundation.de/web/home.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s